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El apartamento (II)

A veces los objetos antiguos cuentan historias. Esta pareja de sillas me contaron que un día un hombre se las llevó de la tienda a un hogar donde no había más muebles. Fueron las primeras en entrar, junto con una moderna mesa que se elevaba y hacía las veces de mesa de centro y de salón. A la dueña de la casa no le parecieron muy cómodas pero se sentía feliz con un esposo que la amaba. Él sólo pensó en llevarle a su amada dos sillas para sentarse junto a ella alrededor de la mesa y compartir el pan, las alegrías, las penas y el amor que los unía. Pero ese maravilloso amor dio frutos. Uno, dos, tres y cuatro. Y aquella pareja de sillas ya nunca fue suficiente. Vinieron más sillas, cómodas y nuevas, y otra mesa. La pareja fue quedando en un rincón, para faltas, viendo la vida pasar. Un día la dueña decidió que disfrutaran de su vejez en una casa junto al mar. La idea las hacía rejuvenecer! Lo que no sabían es que pasarían el invierno en silencio y que cuando llegara el verano, llenarían la casa los amos, sus frutos y los frutos de sus frutos, pero ya no volverían a ser parte de sus vidas.

Decidí que esta historia no podía terminar así. Su color marrón viejo y su barniz escamado solicitaban cuidados intensivos. No mostraré su imagen decadente. Ese paso me lo salto. Después de una buena lijada se pintaron de blanco y se colocó un almohadón con faldas sobre el asiento.



Ahora forman parte de un dormitorio, salen a la terraza a tomar el fresco del atardecer y en la noche guardan la ropa de sus amos.



Para Carmen.


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El apartamento (I)

Me fascina cuando veo imágenes de apartamentos o segundas viviendas con un montón de metros cuadrados y una decoración muy cuidada. No puedo evitar pensar -pues si esto es así ¿como será su primera vivienda?- Y la verdad es que en los tiempos que corren cada vez es más complicado poder optar a una segunda vivienda. Algunos todavía tenemos la suerte de contar con el piso en a playa de los suegros o la casa en el pueblo de la abuela. Cuando se compraba un mueble nuevo para casa el viejo siempre iba a parar al pueblo. Igual pasaba con las ollas, las cuberterías o las sábanas. Así que pocas de estas casas cuentan con esas decoraciones tan maravillosas, aunque el sabor y la historia muchas veces supera lo nuevo.

Este verano le hemos dado la vuelta al salón. Hemos cambiado los muebles de sitio y se ha ganado mucho espacio y comodidad. Queríamos comprar un sofá nuevo pero pensamos que mejor dejarlo para cuando todos los nietos que pasan por la casa a lo largo del verano dejaran de saltar, babear o vomitar encima.
¿Y si le lavamos la cara? Desgraciadamente en la mayoría de cosas que se estropean nos sale más barato tirar a la basura-comprar de nuevo que arreglarlas. Mandar un sofá al tapicero es una locura sólo justificable cuando la estructura es de un alto valor. Como no era el caso había que buscar materiales baratos e ideas sencillas. El coste total fue de 28 €.