Me fascina cuando veo imágenes de apartamentos o segundas viviendas con un montón de metros cuadrados y una decoración muy cuidada. No puedo evitar pensar -pues si esto es así ¿como será su primera vivienda?- Y la verdad es que en los tiempos que corren cada vez es más complicado poder optar a una segunda vivienda. Algunos todavía tenemos la suerte de contar con el piso en a playa de los suegros o la casa en el pueblo de la abuela. Cuando se compraba un mueble nuevo para casa el viejo siempre iba a parar al pueblo. Igual pasaba con las ollas, las cuberterías o las sábanas. Así que pocas de estas casas cuentan con esas decoraciones tan maravillosas, aunque el sabor y la historia muchas veces supera lo nuevo.
Este verano le hemos dado la vuelta al salón. Hemos cambiado los muebles de sitio y se ha ganado mucho espacio y comodidad. Queríamos comprar un sofá nuevo pero pensamos que mejor dejarlo para cuando todos los nietos que pasan por la casa a lo largo del verano dejaran de saltar, babear o vomitar encima.
¿Y si le lavamos la cara? Desgraciadamente en la mayoría de cosas que se estropean nos sale más barato tirar a la basura-comprar de nuevo que arreglarlas. Mandar un sofá al tapicero es una locura sólo justificable cuando la estructura es de un alto valor. Como no era el caso había que buscar materiales baratos e ideas sencillas. El coste total fue de 28 €.